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jueves, 26 de abril de 2012

El papel de la usabilidad en la evolución de los sistemas de información y conocimiento


Los individuos y las organizaciones sufrimos un problema a la hora de gestionar nuestra información. Las mejoras en las herramientas que utilizamos (a nivel de software, hardware y conectividad) han posibilitado un importante aumento en capacidad de proceso y almacenamiento y han sido la base para la creación de múltiples herramientas con grados de especialización muy altos.

Sin embargo, paradójicamente, ese mismo crecimiento nos ha sobrepasado, llevándonos a un punto en el que tenemos que convivir con ingentes cantidades de información de fuentes muy diversas y aisladas, y con herramientas de colaboración ineficientes.

En 4iKIM intentamos dar respuesta a ese problema, siendo fieles a los simples principios de unificación, familiaridad y colaboración. Una herramienta de gestión de la información y el conocimiento debe tener un punto de acceso único a toda la información, su funcionamiento debe ser conocido y debe estar enfocada a la colaboración. Sin embargo cualquier sistema que aspire a gestionar información tan heterogénea con esas características será irremediablemente compleja.

Esta complejidad es inherente a cualquier sistema que requiera mucha funcionalidad; al fin y al cabo, no estamos hablando simplemente de almacenar información. Sin embargo, esta complejidad se vuelve asumible si nos basamos en los estándares de uso de aplicaciones informáticas tradicionales, que todo el mundo conoce. Podríamos decir que algo así como “el subconsciente de usuario colectivo” nos permite sortear la barrera de la complejidad y mirar a otro lado...

Pero en este escenario aparece un nuevo elemento, tan demandado y necesario como los demás: la nube. Tenemos que aportar ubicuidad a nuestra solución: un sistema de gestión de la información y el conocimiento nunca más va a tener sentido ligado indisolublemente a un dispositivo no móvil. Y aquí es donde encontramos el nuevo reto.

Queremos trasladar la compleja funcionalidad de nuestra plataforma a dispositivos móviles como smartphones, tablets o netbooks. Y en este punto nos encontramos con dos limitaciones: por un lado la potencia de esos dispositivos, y por otro sus acotadas capacidades de interacción. Siendo optimistas podemos aventurar que con el tiempo la primera de ellas será salvable, pero la segunda siempre estará ahí: ha venido para quedarse. Tenemos que asumir que la interacción con pantallas de reducidas dimensiones (sin entrar en interfaces táctiles u otros desarrollados o por desarrollar) es una característica irrenunciable, y sus particularidades son ya mismo cuestiones a gestionar.

En este punto se nos presenta un interesante dilema: queremos en movilidad toda la (compleja) funcionalidad de los dispositivos fijos, pero nos vemos restringidos en sus capacidades, así que debemos optar por seguir dos caminos:
  1. Una sola aplicación que englobe toda la funcionalidad disponible.
  2. Muchas pequeñas aplicaciones, con funcionalidad muy acotada.

En el primer caso, la única forma que tenemos de abordar la complejidad es mediante la usabilidad, que aquí juega un papel fundamental. Sin embargo, su aplicación requiere una gran inversión en recursos, ya que se trata de un ámbito de uso totalmente nuevo, tanto a nivel de funcionalidad como de dispositivo.

En el segundo caso disgregamos la funcionalidad en muchas pequeñas aplicaciones. Cada una de ellas hace una cosa muy concreta, pero la hace muy bien. No es necesario ese gran esfuerzo en diseño de usabilidad por lo acotado de la funcionalidad.

Parece fácil argumentar que en este segundo caso se vulnera uno de nuestros principios fundamentales: la unificación. Sin embargo, la propia nube que nos ha arrastrado de nuevo a esta especialización, es capaz de proporcionar ese punto único de acceso, esta vez si, en dispositivos más potentes aunque menos móviles. Se trata en definitiva, de una solución de compromiso en la que las aplicaciones estarán más ligadas a las características concretas de los distintos dispositivos que al funcionamiento global, integrado.

En el escenario actual, la gran mayoría de los actores en juego van a apostar por esa segunda opción de muchas aplicaciones y especialización. Probablemente sea la opción correcta a corto plazo, pero el otro camino, con todo su riesgo, es por el único por el que puede avanzar la innovación.

2 comentarios:

  1. me gusta este post. aunque no apostaría de momento llevar toda la funcionalidad de escritorio a dispositivos móviles, simplemente porque es ilógico tratar de vaciar algo pensado para escritorio a móviles. por ello el nuevo modelo de pensamiento "mobile first" que nos dice que hoy, debemos pensar en movilidad y escalar en ese sentido hacia el desktop, por lo que la segunda opción si ya tienes montada una app de escritorio sin haber pensado en su momento llevarla a la movilidad, es la aconsejable de momento. que opinas?

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  2. Post que incita a la reflexión. Creo que habéis puesto el dedo en la llaga. Como todo lo complejo en la vida, las personas intentan aplicar el principio de "divide y vencerás", y eso creo que son las apps actuales. Si además se enfoca adecuadamente facilitas la captura de información hacia las plataformas como facebook o similares. No tiene ningún sentido hacer aplicaciones complejas por que el sistema sea complejo. Los sistemas operativos han sido cada vez más complejos en su interior pero han ido simplificando la interfaz y mejorando la experiencia de usuario. Creo que ese es el camino.

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